Palabras mágicas

Nada hay tan increíble que la oratoria no pueda volver posible
Cicerón

Un elemento clásico en las narraciones fantásticas es el uso de palabras mágicas, conjuros con el poder de cambiar la realidad al gusto de quien los pronuncia ¿Podrían existir en la realidad? Imagine que, cambiando solo una palabra en un mensaje comercial, el receptor cambie de actitud del rechazo a la aceptación ¿Es posible condicionar a las personas de este modo tan simple y efectivo?

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En 2011 el gobierno de EEUU cerró tres sitios de apuestas en internet. Los medios de comunicación describieron la actividad de estos servidores con un lenguaje que inducía a pensar en algo delictivo, al utilizar la palabra gamble (juego). Esto influyó en la percepción social de la legitimidad del juego en línea y finalmente la opinión pública alcanzó a las autoridades.

Juego puede decirse en inglés con dos palabras al menos: game que se asocia con la infancia, el deporte o el esparcimiento y gamble que se asocia con los adultos, el riesgo o las apuestas. Tras el incidente, la empresa cambió la palabra clave y se obró la magia. Las encuestas mostraron que el público aprobaba los mismos negocios en torno al game, en cuanto la palabra gamble y sus significados negativos desaparecieron.

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El poder de estas palabras no se encuentra en ellas mismas, como es de suponer, sino en la cultura de referencia del destinatario que explica su significado. Por tanto conocer en detalle la cultura del público objetivo es la clave de la comunicación de éxito.

No es lo mismo que te anuncien una inspección que una revisión. Lo primero se asocia con la autoridad y el temor a una sanción mientras lo segundo apunta a un servicio favorable al usuario. Cabe preguntarse por qué entonces hay empresas que amenazan con realizar una inspección y otras te sorprenden con el beneficio de una revisión, con tan solo cambiar una palabra. La antigua expresión de “medir las palabras” resulta muy reveladora y nos hace preguntarnos si se trata solo de una torpeza o si estas empresas quieren realmente influir en sus clientes o usuarios.

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Diferentes estudios confirman que el lenguaje simbólico y emocional es plenamente efectivo en la publicidad de productos para el disfrute personal mientras en productos utilitarios es mucho más eficaz un lenguaje técnico y descriptivo. Esto es relevante para los mensajes de empresas que venden un tipo de producto u otro. La metáfora, la publicidad revestida de narración ficticia estaría indicada, por ejemplo, para perfumes o viajes pero no tanto para bancos o compañías de transporte.

¿Qué pasa cuando un producto es ambas cosas? Pues depende del uso. Los consumidores utilizan un lenguaje figurativo cuando hablan desde el hedonismo pero suelen usar palabras neutras y formales cuando describen su experiencia utilitaria. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando un conductor nos cuenta un viaje memorable por carretera o bien nos habla de su trayecto diario al trabajo.

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Las palabras tienen la propiedad de apelar directamente al corazón, a las emociones. Ahí radica su magia, ahí está el abracadabra. Conectan directamente con nuestro interior mediante arquetipos y atributos que al estimular nuestros valores generan aceptación o rechazo. Las palabras neutras que vienen acompañadas de datos, por muy relevantes y exactos que sean, pueden desplegar mucha verdad pero ni conmocionan ni movilizan y son inútiles para la acción social.

Cuando Trump dice que “volveremos a hacer grande América de nuevo”, no concreta cuándo ni cómo, ni qué significa ser grande o cuando lo fue antes, ni tan siquiera qué es América que no es al sur de río Grande. Sus palabras son irracionales pero mágicas, conectan con sentimientos, pasiones e instintos.

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 Es como decir que “se hará lo que se tiene que hacer” ¿Habría alguien dispuesto a negar esto? La cuestión es que no se dice qué es lo que se tiene que hacer de manera que no habiendo nada detrás de esta declaración, nada puede oponerse.

El lenguaje de la demagogia -ahora llamada populismo- se apoya en sortilegios y solo con conjuros más poderosos, como el “Yes we can” que encumbró a Obama, se podrán superar.

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Pueden consultar más contenidos sobre este mismo asunto en otro articulo de este mismo blog. Una adaptación de este texto fue publicada en la revista PLAZA del mes de marzo de 2017.

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